¡Splash!
El agua
recorrió toda mi cara, no me dejaba ver en donde estaba. Noté que mis manos
estaban atadas. La cabeza me dolía como nunca antes, sentía que en cualquier
momento iba a explotarme.
— ¿Por qué defendiste a María? ¿Por qué
me hiciste quedar mal en el funeral? ¡CONTESTAME!
No sabía
que pasaba. Mi cabeza me daba vueltas.
— ¿Quién
sos pendejo?
—P… Perdon,
S… Señor. —Fue lo único que pude decir.
— ¡¿QUIEN
CARAJO SOS?!
—Federico,
soy Federico. —Le mentí.
—Federico.
¿Para quién trabajas? —Me pregunto mientras se encendía un cigarrillo.
—Para
nadie, señor, soy un conocido de María. —Me recuperé un poco más. —Es que solo
me pareció una falta de respeto lo que hizo.
Se acerco
hasta mi, y me miro a los ojos, con esos ojos color verde que me dieron miedo,
tanto, que baje mi mirada y vi como su boca se movía para tirarme el humo del
cigarrillo en la cara. Entonces pronuncio las que serian las últimas palabras
que oiría, o al menos hasta ese momento es lo que creía.
—Fue un
gran error lo que hiciste, ¿Sabes? —Y se alejó para escupir al piso.
Este hijo de puta mando a matar a María, pensé, y si no hago algo, en unos minutos voy a morir también.
—Yo sé
quien es usted. Rosales, ¿No? —Y levanté mi cabeza para mirarlo fijamente a los
ojos. —María trabajaba para su negocio, y dos conocidos más, siempre quise
meterme a trabajar con usted, provee la mejor droga de todas.
— ¿Qué
otros dos conocidos? —Me preguntó extrañado. Curioso.
—Leandro, y
Nicolás. —Dejé a Matías fuera de todo.
—¿Conoces a
Nicolás? —Se volteo rápidamente, desesperado.
—No lo veo
hace mucho. Hace bastante.
—Yo
tampoco, y lo estoy buscando. Vamos a hacer un trato, ¿Queres? —Me dijo,
mientras su mirada se volvía menos tensa, y una sonrisa se asomaba en sus
labios. El enojo se había ido. Rosales estaba buscándome, y no sabía que me
tenía frente a él.
—Lo
escucho. —Dije muy relajado.
—Siempre
quisiste trabajar conmigo, pero no puedo confiar en alguien así no más, tampoco
puedo dejarte ir después de traerte acá. —Secuestrarme,
querrás decir. —Vos tenes contacto con alguien que busco, si lo ubicas
quiero que lo mates. Si te escapas, yo voy a matarte. ¿Qué te parece?
Me
estremecí al saber que me quería muerto, y seguramente quería matar a Matías también.
No sabia como, pero fingiendo mi muerte era la única forma de meterme a La
Alianza nuevamente, y destruirla desde adentro. Y en especial, matar a aquel
hombre que estaba hablándome, a quien mató a todos mis amigos, a quien mató a
María.
—Acepto.
Y supe que
en ese momento empezaba a jugar mi juego.


