jueves, 18 de diciembre de 2014

Posted by Fernando Barrera |
Varios días después de que le entregaran el cuerpo de María a su familia, asistí a su funeral. Entré a la recepción y me mandaron hasta la sala donde se estaba celebrando aquella ceremonia, aquel último adiós que le da uno a sus seres queridos, y ahí la vi, aquella “necesidad” por la cual María quería meterse en La Alianza.
Gabriela Adriana Montiel, en otras palabras, la madre de María. Destrozada, totalmente, sus ojos rojos completamente hinchados, se parecían a los de María cuando fumaba, pero no eran por fumar, eran de tanto llorarle al cuerpo de su hija muerta. No se percato de que yo había llegado.
Quizás hubiese sido mejor haber muerto de cáncer, antes que ver la muerte de tu propia hija Gabi, pensaba en mi interior, y me quería golpear a mi mismo por tener ese tipo de pensamientos, mis pensamientos eran cualquier cosa desde que todo esto pasó, mi cabeza era un lío.
Pasé entre todos los familiares de María, sin escuchar a nadie, y me acerqué hasta Gabriela que estaba a unos escasos centímetros del ataúd con la cabeza hacia abajo, cuando levantó la mirada pude ver sus ojos hinchados más de cerca. Me miró con tristeza y me abrazó muy fuerte.
— ¿Por qué?, ¿Por qué ella? —Susurro mientras las lágrimas se le acercaban nuevamente a los ojos.
—Gabi… —No pude terminar. Mi mirada se centro en el ataúd que estaba tan cerca de mí.
—Matías vino hoy temprano, Nico. Se quedó un rato nada más, ese chico estaba muy angustiado. —Y se quebró en lágrimas nuevamente mientras me abrazaba más fuerte.
La solté sin importarme Matías, ni su estado, y me dirigí al ataúd, a aquel cajón sin vida, pensé. Las lágrimas estaban en a punto de salir de mis ojos, y cuando la vi lloré como nunca antes había llorado, su cuerpo tan calmo, pero tan lastimado, tenia un corte en su pómulo que el maquillaje no pudo ocultar, pero estaba tan hermosa como siempre, su cabello totalmente negro, sus labios de color natural que nunca pude besar.
Un mareo vino a mi enseguida, aquellas nauseas, me sentía mal, pero no quería irme, no quería dejar de mirar aquel cajón sin vida, no quería dejarla, no otra vez. No quería sentir aquel vacío que de a poco se apoderaba de mi vida, no quería dejar a María morir del todo.
Cuando volteé para irme ahí estaba Gabi con un vaso de agua en sus manos. Me miraba con tristeza, sus ojos seguían rojos, pero ya no estaban tan hinchados. Tomé el vaso de agua y la abracé, cerré los ojos e intente olvidarme de todo con aquel abrazo que logro calmarle bastante.
Cuando la solté, miré el ataúd una vez más, me acerqué y le bese la frente a María por un momento. Una lágrima desubicada recorrió mi cara, seguida de una pequeña sonrisita. Todo va a estar bien María, todo va a estar bien mi amor.
Y justo cuando pensaba marcharme, aquel hombre llegó con dos hombres más tras él, con un tapado bastante elegante y de sombrero negro. Venía a ver a María, venia a ver a su victima, quizás una de las más actuales. Rosales, había llegado. El Aliado.
Gabi se paró con el ceño fruncido y sus ojos lagrimeantes, mientras su boca se preparaba a gritar.
— ¡Con que derecho venís al funeral de mi hija, hijo de puta! —Dijo, mientras intentaba echarlo.
—Yo solamente vengo a verla por última vez, señora.
—Por tu culpa está ahí, andate. ¡Vos la metiste en ese cajon!
Pero Rosales parecía no querer irse, se saco el sombrero e intento acercarse al ataúd que Gabriela estaba tapándole. Fue entonces cuando volví a entrar a la sala.
—Andate te dijo. —Le dije y me pare frente a él. Sus “guardaespaldas” quisieron defenderlo, pero los frenó.
—Vine a ver a María, ella trabajaba para mí y la apreciaba mucho. —Me dijo mirándome a los ojo.
—Andate. —Y Gabi se puso detrás de mí.
Me miro rebajándome con su mirada de arriba abajo, se río y se marchó con sus hombres.
Miré a Gabriela y me quede unos minutos más. Luego me marché, era tarde. Salí y llegue a la esquina, allí estaba uno de los hombres de El Aliado, mi cabeza pareció estallar y todo se volvió de un color oscuro como el vestido de luto de la madre de María.

0 comentarios:

Publicar un comentario