—Si se van
a meter en esto, van a tener que hacerlo bien. No van a trabajar para mí, van a
trabajar para El Aliado, para
Rosales. —Nos dijo Leandro a los tres, mientras su mirada se centrada más que
nada en María.
— ¿Y cuando
nos van a hacer la entrevista de trabajo? —Dijo Matías riendose.
—No lo van
a ver a Rosales. Ni siquiera yo tuve la oportunidad de verlo, hay gente más
importante que lo rodea, ustedes, como yo, reciben ordenes y lo hacen, una vez
que hacen lo que les piden, reciben plata, una vez que reciben plata, esperan
otras ordenes y después les dan más plata. Así es como funciona esto.
— ¿Y cuanta
plata hay por “trabajo”? —Preguntó intrigada María.
—Eso
depende de lo que ustedes hagan, lo menos que se gana en este negocio por día
son mil pesos. ¿Ustedes quieren vender nada más?
— ¿Cómo se
gana más? —Retruco María.
—Ya te
dije, depende lo que hagas, si vos queres vender, vas a vender, si queres hacer
otra cosa, se te paga por el trabajo hecho. —Leandro parecía un poco loco,
quizás estaba drogado, quizás esa era su forma de explicar.
—Dale
Leandro, ¿Qué trabajos hay además de vender? —Le dije por que la conversación
me intrigaba demasiado ya.
—Eso
depende. Si Rosales quiere cobrar una deuda, hay que ir y pedir la plata,
cierta parte de esa deuda es tu sueldo, si Rosales quiere a alguien muerto, va
y se lo mata, y de ahí sale más plata todavía. Aun que, si ustedes empiezan
vendiendo está bien.



0 comentarios:
Publicar un comentario