jueves, 20 de noviembre de 2014

Posted by Fernando Barrera |
Ella corría, corría riendo por el parque, hasta que todo se volvió oscuro y aquella sonrisa que tanto me había enamorado, se borraba de su cara, corría cada vez más rápido, su cara estaba totalmente llena de miedo, sus ojos lo expresaban, se notaba aquel miedo. Aquellas manos de repente empezaban a quitarle su ropa, la desgarraban, la lastimaban, querían lastimarla, solo eso querían. Aquel cuchillo se metió en su espalda, y María me miraba, me miraba con miedo, aquella mirada que nunca voy a olvidar, sus gritos que me impulsaban a pedir ayuda, pero no podía, simplemente miraba, no podía gritar, no podía pedir ayuda, solo escuchaba sus gritos y miraba como aquel cuchillo la destrozaba con muchas ganas, justo cuando el dueño del cuchillo se percato de que estaba allí, giro su cabeza para mirarme y mis ojos se abrieron. Desperté.
La musculosa que tenia puesta para dormir estaba toda transpirada, mi corazón latía muy fuerte y trataba de calmarme muy de a poco. Sin poder dormirme, me levanté, eran otra vez la seis de la mañana, fui hasta la cocina y me preparé un café con leche, en mi cabeza volaban imágenes de aquel estrepitoso sueño, un poco difusas, me costaba recordarlo todo, pero al mismo tiempo, las palabras de Matías retumbaban en mi.
—Seguramente fue aquel hijo de puta, aquella escoria. —Me decía mientras las lágrimas se le caían de sus ojos rojos de tanto llorar. — Sabia que iba a terminar de la peor manera, ¿Irnos Nicolás? ¿Escaparnos de todo eso? ¡Era imposible para María!
—Nos fuimos de todo eso, lo sabes Mati, lo dejamos, los tres.
—Los tres, menos Leandro, y sabes bien como es aquella rata, sabes bien como era.
— ¿Y él donde está?
—Muerto también, lo mataron. Pero él es el que menos importa, siempre fue el que menos importó, no valía nada. —Y tomó un poco de su café al terminar de hablar.
    ¿Y si está muerto como sabes que fue él quien mató a María?
—Por que él seguía metido en toda esa mierda, desde que nosotros dejamos todo eso, Leandro era el único que se abanicaba con billetes de cien pesos, y nadie puede decirme que lo hizo trabajando, las drogas eran su único trabajo y ya estaba metido en bastantes problemas, estoy seguro que él nunca quiso salir de aquel asqueroso negocio, desde que tenia trece años estaba en eso.
—Nosotros también estuvimos en esa. —Le dije sin eximirnos de ninguna culpa.
—Vos lo dijiste Nico, salimos de todo eso, casi nos costo la vida, pero logramos salir de eso, vos lo dijiste, los tres juntos salimos de eso.
— ¿Y que tenes pensando hacer?
—Nada, ¿Qué queres que haga? Estoy más que seguro que fue Leandro, la mató y después se suicido, no puedo hacer más nada, María está muerta. —Y se inundo en un mar de llanto creado por sus ojos.
Los tres juntos salimos de eso. Menos Leandro, muerto también, lo mataron. No valía nada. Estoy más que seguro que fue Leandro. María está muerta. Aquellas palabras me rodeaban, era lo único en lo que pensaba, en eso y en María, en todo este lío en el que estaba metido, trataba de entender, pero era todo muy confuso, confuso como las imágenes del sueño que había tenido, que iban y venían sin una resolución del todo clara.
Sin darme cuenta, al estar pensando tanto en el caso de María, la taza de mi café con leche se cayó al piso y se rompió en varios pedacitos, como aquella vez que María me contó lo suyo con Leandro, como mi corazón, se había roto aquella taza de cerámica. Limpié el desastre que había hecho, y seguí pensando, pero está vez no en todo, si no en ese momento en que mi corazón colapso, ahora pensaba en María y Leandro.

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