Nos miró y
se dio vuelta nuevamente.
—Ey,
Leandro. —Le dije y logre que se diera vuelta a mirarnos de nuevo.
—Ah…,
estem, hola. —Y se dio la vuelta nuevamente, ignorándonos.
—Tenemos
los 100. ¿Nos das el 25?
— ¿Qué?
—Dijo extrañado y está vez mirándonos de arriba abajo. — ¿Ustedes? —Y largó una
carcajada muy grande.
— ¿Qué te
pasa? Vinimos a comprar, y parece que vos vendes.
—Si, pero
nunca llegue a imaginarme que ustedes tres iban a venir a comprarme.
—Dale, dame
el 25 y te doy la plata.
—No, no,
no. Para. Yo les voy a dar esto, pero mañana en el colegio vamos a hablar.
— ¿De que
queres hablar?
— ¡Mañana
vamos a hablar! —Me miró amenazantemente. María y Matías que estaban a mi lado
se sobresaltaron.
Todavía me
acuerdo la forma en que María miraba a Leandro, aquel chico que en el aula no
decía ni una palabra, simplemente estaba ahí, aquella mirada era idéntica a la
mía cuando la miraba a ella, aquella mirada era amor, fue entonces cuando supe
que nada de todo eso estaba bien.
Leandro
estaba muerto, muerto. Pero todavía recordaba cuando hablamos el día después de
que le compramos la marihuana.
—Así que
ustedes fuman, y eso no es lo malo, lo malo es que me compran marihuana a mi.
—Nos dijo con una mirada fría y sin sentimientos, aunque parecía enojado.
— ¿Y que
vas a hacer? ¿Nos vas a matar? Somos tres Lean, y los tres sabemos que vos nos
vendiste. —Le dije amenazante.
—Por ahí va
la cosa. Desde los trece años que vengo haciendo esto, empecé robando
billeteras y ahora vendo, y no voy a dejar que por su culpa todo lo que hice
hasta ahora desaparezca. Si alguien llega a saber que yo estoy en esto, va a
ser por su culpa, y si eso pasara, no voy a tener otra alternativa que hacerlos
desaparecer. —Dijo. Nuevamente mirándonos, de arriba abajo.
— ¿Y que
pasa si queremos vender? —Dijo María saliendo detrás de mis espaldas.
— ¿Y está?
¿Vender? ¿Ustedes tres? —Y se río, muy fuerte otra vez.
—Si,
vender, como vos. Se ve que el negocio este deja mucha plata, si no, serias tan
pobre como nosotros. — Y esta vez, María no dejo de mirarlo a los ojos.
—Ustedes no
durarían ni dos segundos en esto.
—Es por
necesidad. Aparte, quizás seria la primera mujer en vender drogas en Calzada,
seria una buena reputación, al fin y al cabo, vos serias igual que nosotros si
no vendieras esas cosas.
Igual que nosotros si no vendieras esas cosas. Pensaba. ¿Vender droga te hace diferente del resto? ¿Alguien diferente busca
María?, Me preguntaba y no pude hallar respuesta alguna por que mis
pensamientos fueron interrumpidos por la respuesta de Leandro.
—Ya te lo
dije María, ustedes en esto no durarían nada. Si ustedes no hubieran conseguido
un contacto en La Alianza, nunca se hubieran enterado que yo estaba en todo
esto y esa es la idea, que nadie se entere. Si Matías, Leandro o vos se meten
en esto…
— ¿Qué? —Lo
desafío nuevamente sin dejar de mirarlo. — ¿Vamos a hacerlo público?, ¿Te
pensas que vamos a cartelearla que vendemos droga Leandro?
—No. Digo
que si se meten en esto y no son nada discretos lo único que van a ganarse son
un par de balas en su cabeza.
Ahora me
acordaba de Scarface, aquella frase
que le habían dicho a Tony en una parte de la película, “Los tipos que duran en este negocio son los tipos que vuelan recto.
Los tipos discretos. Y los tipos que lo quieren todo; chicas, Champagne, fama.
No duran nada.” Quizás
aquello era lo que nos quería decir, a eso le llamaba ser discreto.
Y lo último que recuerdo,
es ver la mano de María estrechando la de Leandro. Recordar a los dos mirándose
a los ojos, sin saber lo que a ambos les esperaba. La muerte apareció detrás de
la imagen de ellos dos, y en ese momento supe que tenía que dejar de recordar por un rato.



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