viernes, 5 de diciembre de 2014

Posted by Fernando Barrera |
Nos miró y se dio vuelta nuevamente.
—Ey, Leandro. —Le dije y logre que se diera vuelta a mirarnos de nuevo.
—Ah…, estem, hola. —Y se dio la vuelta nuevamente, ignorándonos.
—Tenemos los 100. ¿Nos das el 25?
— ¿Qué? —Dijo extrañado y está vez mirándonos de arriba abajo. — ¿Ustedes? —Y largó una carcajada muy grande.
— ¿Qué te pasa? Vinimos a comprar, y parece que vos vendes.
—Si, pero nunca llegue a imaginarme que ustedes tres iban a venir a comprarme.
—Dale, dame el 25 y te doy la plata.
—No, no, no. Para. Yo les voy a dar esto, pero mañana en el colegio vamos a hablar.
— ¿De que queres hablar?
— ¡Mañana vamos a hablar! —Me miró amenazantemente. María y Matías que estaban a mi lado se sobresaltaron.
Todavía me acuerdo la forma en que María miraba a Leandro, aquel chico que en el aula no decía ni una palabra, simplemente estaba ahí, aquella mirada era idéntica a la mía cuando la miraba a ella, aquella mirada era amor, fue entonces cuando supe que nada de todo eso estaba bien.
Leandro estaba muerto, muerto. Pero todavía recordaba cuando hablamos el día después de que le compramos la marihuana.
—Así que ustedes fuman, y eso no es lo malo, lo malo es que me compran marihuana a mi. —Nos dijo con una mirada fría y sin sentimientos, aunque parecía enojado.
— ¿Y que vas a hacer? ¿Nos vas a matar? Somos tres Lean, y los tres sabemos que vos nos vendiste. —Le dije amenazante.
—Por ahí va la cosa. Desde los trece años que vengo haciendo esto, empecé robando billeteras y ahora vendo, y no voy a dejar que por su culpa todo lo que hice hasta ahora desaparezca. Si alguien llega a saber que yo estoy en esto, va a ser por su culpa, y si eso pasara, no voy a tener otra alternativa que hacerlos desaparecer. —Dijo. Nuevamente mirándonos, de arriba abajo.
— ¿Y que pasa si queremos vender? —Dijo María saliendo detrás de mis espaldas.
— ¿Y está? ¿Vender? ¿Ustedes tres? —Y se río, muy fuerte otra vez.
—Si, vender, como vos. Se ve que el negocio este deja mucha plata, si no, serias tan pobre como nosotros. — Y esta vez, María no dejo de mirarlo a los ojos.
—Ustedes no durarían ni dos segundos en esto.
—Es por necesidad. Aparte, quizás seria la primera mujer en vender drogas en Calzada, seria una buena reputación, al fin y al cabo, vos serias igual que nosotros si no vendieras esas cosas.
Igual que nosotros si no vendieras esas cosas. Pensaba. ¿Vender droga te hace diferente del resto? ¿Alguien diferente busca María?, Me preguntaba y no pude hallar respuesta alguna por que mis pensamientos fueron interrumpidos por la respuesta de Leandro.
—Ya te lo dije María, ustedes en esto no durarían nada. Si ustedes no hubieran conseguido un contacto en La Alianza, nunca se hubieran enterado que yo estaba en todo esto y esa es la idea, que nadie se entere. Si Matías, Leandro o vos se meten en esto…
— ¿Qué? —Lo desafío nuevamente sin dejar de mirarlo. — ¿Vamos a hacerlo público?, ¿Te pensas que vamos a cartelearla que vendemos droga Leandro?
—No. Digo que si se meten en esto y no son nada discretos lo único que van a ganarse son un par de balas en su cabeza.
Ahora me acordaba de Scarface, aquella frase que le habían dicho a Tony en una parte de la película, “Los tipos que duran en este negocio son los tipos que vuelan recto. Los tipos discretos. Y los tipos que lo quieren todo; chicas, Champagne, fama. No duran nada.” Quizás aquello era lo que nos quería decir, a eso le llamaba ser discreto. 
Y lo último que recuerdo, es ver la mano de María estrechando la de Leandro. Recordar a los dos mirándose a los ojos, sin saber lo que a ambos les esperaba. La muerte apareció detrás de la imagen de ellos dos, y en ese momento supe que tenía que dejar de recordar por un rato.

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